Impulsos

Entre plumas, gallos y huevos azules
Fuente: Impulso Inicial

Un tutorial en Youtube, una caja de plumavit, una ampolleta y 20 huevos. Esos fueron los elementos con los que hace un año atrás René Julio, de 42 años, creó su primera incubadora casera de pollitos. Una idea que nació como experimento, pero que en poco tiempo se transformó en su negocio y principal fuente de trabajo: “Avícola Anka Copiapó”.

La historia de este emprendedor de la Región de Atacama comenzó en un rubro no muy distinto al que hoy se dedica. “Yo trabajaba en una tienda de mascotas y en ella me especializaba en la crianza y reproducción de peces. Sabía reproducir peces de todo tipo. Un día, un amigo me ofreció cambiarme unos peces por un gallo y acepté”, cuenta René. “Al llegar a la casa, noté que el gallo iba a estar solo, así que le compré dos gallinas. Luego las gallinas empezaron a poner huevos y fue así como surgió la idea de dedicarme a esto”.

De los 20 primeros huevos que puso en su incubadora artesanal, solo nacieron 5. Con el tiempo, fue aprendiendo que son varios los factores de los que hay que preocuparse al incubar y criar aves, entre ellos, que es imprescindible el control de la temperatura y la humedad del ambiente. Además, los huevos deben irse rotando cada cuatro horas. “Es importante girarlos constantemente, porque de lo contrario el embrión se puede pegar al cascarón y ahí el pollito muere”, dice el emprendedor.

A medida que fue aprendiendo más sobre el oficio, su negocio empezó a crecer y comenzó a vender los pollos que criaba a través de WhatsApp y Facebook. Con el tiempo, su incubadora casera se hizo pequeña para la demanda de sus clientes.

En diciembre de 2020, este emprendedor recibió un apoyo del programa Impulso Inicial de Fundación Luksic para poder hacer crecer su negocio: una incubadora automática con capacidad de 176 huevos. “Esta herramienta me ayudará mucho a aumentar la producción de aves, pero también me va a liberar mucho tiempo para dedicarle a otras tareas, ya que va girando los huevos por sí sola”, cuenta René.

Con el tiempo, el patio de su casa se ha ido llenando de coloridas aves: las gallinas polacas, conocidas por sus crestas cubiertas de plumas que asemejan una corona; las gallinas nagasaki, que se distinguen por sus colores rojo, blanco y negro; las conchinchina enana, que tienen unas patas cubiertas de plumas; y la raza más especial en este momento: la gallina mapuche, que destaca entre las demás por sus huevos azules. 

La mayoría de la información sobre crianza de las aves y dónde adquirir huevos y gallinas a buen precio la obtiene de un grupo en el que participa llamado “Alas del Desierto”, que reúne a cerca de 100 personas que se dedican a esta actividad.

Tal como muchos otros emprendedores que trabajan con animales, la relación que ha formado con sus gallos y gallinas es especial. “No soy ni capaz de comerme un huevito”, asegura René. “Al primer gallo que me llegó un amigo le puso de nombre Parrilla, porque pensaban que ese iba a ser su destino, pero hasta el día de hoy me acompaña. Tengo también algunas gallinitas que me he ido dejando que son las más regalonas. La Pituca por ejemplo, es bien fina, todos la han querido comprar, pero no la vendo por nada”. 

 A futuro, René asegura que le gustaría seguir consolidando su negocio y expandirse a otros lugares del país. “Me gustaría formalizar mi emprendimiento y acreditarme como un criadero de raza. Además, quisiera empezar a vender al norte y sur del país y poder ofrecer mis productos de forma mayorista”, señala.

¡Síguelo en Facebook!

Compartir