Impulsos

Linda Ugolini, la emprendedora de Alto Hospicio que revive y transforma lo que otros botan

Adulta mayor, artesana en vitrofusión, recicladora de base certificada y promotora de una vejez activa. Esa es la carta de presentación de Linda Ugolini (74), una emprendedora oriunda de la comuna de Alto Hospicio, Región de Tarapacá, que ha logrado doblarle la mano al destino haciendo lo que más ama: dar una segunda vida a lo que otros consideran basura.

Su historia se remonta al año 2014, cuando junto a su esposo y compañero de vida comenzaron a fabricar las clásicas vitrinas de vidrio y aluminio utilizadas para exhibir dulces y otros productos en negocios. Sin embargo, ese proceso de creación dejaba mucho material sobrante que Linda no estaba dispuesta a desperdiciar.

“Me sobraba mucho vidrio y no lo quería botar a la basura, porque sabía que había otras opciones como la vitrofusión, que permite derretir el material. Así comenzamos a hacer algunas cositas como vasos, ceniceros, floreros y especieros”, recuerda con orgullo. De esta forma, comenzó a compatibilizar ambas labores, hasta que decidió dedicarse totalmente a la elaboración de objetos hechos con material reciclado.

Linda ve en cada botella una posibilidad de reinvención. Cualquier envase de licor grande puede transformarse fácilmente en un candelabro, farol o lámpara mágica, mientras que una botella de cerveza o vino es candidata ideal para convertirse en una copa o vaso piscolero. Solo es cosa de echar a andar la creatividad y ¡manos a la obra!

Pero el vidrio no es el único material del que la emprendedora saca provecho, pues también ha comenzado a incursionar con madera. “Con mi esposo también recogemos las cajas donde viene la fruta. La gente las bota, pero nosotros las desarmamos, sanitizamos y separamos para hacer fruteros, carretitas y mesas infantiles, entre otras cosas. Nada se pierde. Tenemos que recuperar el medioambiente”, explica Linda.  

En la medida en que el negocio fue creciendo y capturando clientela, las necesidades también lo hicieron. La pareja necesitaba un lugar techado donde trabajar, para poder resguardar sus frágiles productos. Así un día Linda vio en Facebook -plataforma en la que también comercializa sus creaciones-, una reseña del programa Impulso Inicial y decidió postular. “Ahora miro mi techito y soy feliz”, afirma Linda tras haber recibido el apoyo del programa de Fundación Luksic que apoya a emprendedores y deportistas durante todo el año.

Las proyecciones de la artesana son ambiciosas. Sin titubear, dice esperar que su negocio continúe creciendo, “para tener una persona con contrato. Esa es mi meta, no quedarme sola. Quiero dar oportunidades, así como me la dio Impulso Inicial a mí”.

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