Impulsos

Sueños en patines que se saltan generaciones

La pequeña patinadora está lista para comenzar su presentación. Lleva puesta su malla celeste con brillantes, su pelo cuidadosamente recogido con un tocado y el maquillaje perfecto. Gisela Aseña, la DJ y locutora del evento, presiona “play” y la música comienza a sonar en todo el recinto. Con movimientos suaves la patinadora va haciendo figuras, saltos y piruetas. A Gisela le caen las lágrimas de solo verla. Cuando la presentación termina, la emoción apenas la deja anunciar el puntaje de los jueces. Mira a la patinadora con orgullo y desde el centro de la pista, su hija Colomba le devuelve la sonrisa.

Durante gran parte de su juventud, Gisela se dedicó al patinaje. Fue seleccionada nacional y viajó a representar a Chile en otros países. Por eso cuando tuvo hijos, no dudó en motivarlos a que también realizaran este deporte. “Yo me dediqué al patín carrera, que es muy distinto al artístico. Por eso, mi hija Colomba también comenzó en ese deporte cuando tenía tres años. Le iba muy bien, obtenía buenos resultados y primeros lugares en las competencias”, cuenta la deportista.  

Desde ese tiempo Gisela ya trabajaba como DJ en las competencias del mundo del patinaje, poniendo la música y siendo locutora en los campeonatos de patín carrera, patinaje artístico y hockey. “Colomba a veces me acompañaba a los campeonatos y de a poco empezó a mirar a las patinadoras artísticas, inmediatamente le llamaron la atención las mallas con brillos y los peinados de princesa. Mi miedo más grande era que se quisiera cambiar del patín carrera, porque el patinaje artístico es un deporte carísimo, pero le terminó gustando y yo tuve que apoyarla”, dice la madre.

Lo curioso es que décadas antes Gisela había pasado por exactamente lo mismo. “Mi hija de cierta forma cumplió mi sueño. Yo cuando era pequeña miraba a las patinadoras artísticas y soñaba con ser como ellas. Trataba de patinar hacia atrás y hacer las piruetas que ellas hacían, pero por nuestra situación económica mis papás nunca pudieron cambiarme de deporte”, recuerda. 

Con el apoyo de su madre, Colomba, quien hoy tiene 13 años y cursa octavo básico, fue creciendo como patinadora artística y actualmente entrena becada en el Club Universidad Católica. Ha participado en distintas competencias nacionales obteniendo primeros y segundos lugares en modalidad danza y figura. 

Tal como para muchos otros deportistas, la pandemia obligó a Colomba a adaptar sus entrenamientos y continuó preparándose de forma online desde su casa, esperando regresar a las competencias una vez que fuera posible. Sin embargo, en abril de este año enfrentaron una dificultad: sus antiguos patines ya no le quedaban buenos. 

“Fue muy complicado porque yo había perdido mi principal fuente laboral que eran las competencias, entonces no podía imaginar cómo poder comprarle patines nuevos. Buscando en distintas páginas, conocí el programa Impulso Inicial de Fundación Luksic. Postulé a un aporte y me ayudaron a comprar los patines para mi hija”, cuenta Gisela.  

Durante la primera semana de julio Colomba regresó a los entrenamientos presenciales y por fin pudo estrenar sus patines nuevos. “Está feliz. La vida de un niño que hace deporte es totalmente distinta a la de un niño que está en casa sin hacer nada. No sólo los ayuda en su estado físico, sino que los ayuda en el aspecto social, hacen amistades, los hace tener un enfoque y les promueve una vida sana”, destaca su madre.

A futuro, a Colomba le gustaría seguir dedicándose al deporte y poder compatibilizarlo con estudios universitarios. Gisela cuenta que “quiere ser seleccionada nacional, quiere viajar, y yo le digo que es algo que depende 100% de ella, porque sabe que mi apoyo lo va a tener siempre”.

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