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Un proyecto que floreció en Coquimbo

Fuente: Impulso Inicial

En el sector Los Porotitos, ubicado a casi 20 kilómetros al norte de La Serena, nadie creía que era posible sembrar y cosechar ya que no tienen mucha agua para riego y sus tierras no son óptimas para plantar. Pero todo ese panorama no fue impedimento para que hace cuatro años, cinco vecinas del sector presentaran y ganaran un proyecto que les permitiera tener sus propios invernaderos de flores. 

Hoy el emprendimiento “Altue, tierra amada”de Suelen Alfaro, Patricia López, Herminia Gutiérrez, Margarita Muñoz y Erika Duyvestein es una realidad. Érika (48), líder de esta iniciativa, cuenta cada detalle de cómo lo lograron: “Supimos de un proyecto muy similar que realizaron en La Tirana, donde es más desierto que acá. Entonces nos preguntamos por qué lo podían hacer allá y no acá. Creíamos que podíamos hacerlo porque nosotros ya reciclabamos el agua y juntabamos 1.500 litros de agua semanal por casa. Con ese argumento convencimos a Prodemu y logramos adjudicarnos el proyecto”.

Fue así como Prodemu las apoyó con la infraestructura para los dos primeros invernaderos, capacitación y gestión, pero ellas debían juntar el dinero para los insumos. Se organizaron y rifaron unos paneles solares para juntar los recursos para comprar la tierra de hoja y algunas semillas. Tiempo después recibieron cuatro cajas de bulbos de Lilium de parte de la Fundación Impulso Inicial.

“Los primeros dos invernaderos los instalaron en la casa de Suelen y Patricia, luego en mi casa y hace poco en la casa de Herminia. El de la casa de Margarita aún está pendiente. Empezamos de cero y sin tener idea de flores, pero recibimos capacitaciones semanales por tres años. Venían los monitores y nos enseñaban a trabajar en equipo, sobre plagas, preparación de la tierra, riego, plantación y nos asesoraron para formalizarnos” recuerda Érika. 

En septiembre de 2018 empezó a florecer el negocio y tuvieron su primera producción. “Teníamos las flores, pero nos faltaban los clientes. Fue entonces  cuando a un vecino se le ocurrió que fuéramos a ofrecer nuestras flores al cementerio y así lo hicimos. Vendimos todo”, cuenta Érika.

Este emprendimiento se vio afectado tras el estallido social y la crisis por la pandemia del Covid-19. A pesar de que para el Día de la Madre, una fecha muy importante para los floristas, vendieron la mitad de lo que acostumbran, las cinco socias siguen trabajando por su proyecto. “Por ejemplo, yo estoy vendiendo huevos a los vecinos y otras socias están haciendo y vendiendo tortas para poder salir adelante. Así también juntamos plata para poder plantar durante estos meses porque nos estamos preparando para vender para el 1 de noviembre, fecha en que confiamos nos puede ir bien. Tengo toda la fe que venderemos para el “Día de todos los santos”, asegura esta líder emprendedora de la Región de Coquimbo.

Un proyecto que floreció en Coquimbo